19 may 2009

No te salves

No te quedes inmóvil
Al borde del camino
No congeles el júbilo
No quieras con desgana
No te salves
Ahora ni nunca
No te salves
No te llenes de calma

No reserves del mundo
Sólo un rincón tranquilo
No dejes caer los párpados
Pesados como juicios
No te quedes sin labios
No te duermas sin sueño
No te pienses sin sangre
No te juzgues sin tiempo

Pero si pese a todo
No puedes evitarlo
Y congelas el júbilo
Y quieres con desgana
Y te salvas ahora
Y te llenas de calma

Y reservas del mundo
Sólo un rincón tranquilo
Y dejas caer los párpados
Pesados como juicios
Y te secas sin labios
Y te duermes sin sueño
Y te piensas sin sangre
Y te juzgas sin tiempo
Y te quedas inmóvil
Al borde del camino

Y te salvas

Entonces
No te quedes conmigo.


Mario Benedetti

9 may 2009

Fugitivo...

El presidente Calderón dijo que entiende los verdaderos liderazgos cuando se piensa, se cree y se hace lo que es congruente con uno mismo y sus principios, cuando "se es capaz de escapar a lo que los demás dicen", cuando se es capaz, como dice Eliot, "de ser el fugitivo". El fugitivo porque, según Eliot, "en un mundo de fugitivos, el que toma la dirección contraria parece ser el que huye". Cuando alguien, agregó en una magnífica reflexión, "es capaz de ser fugitivo en un mundo que huye, es entonces cuando verdaderamente pueden escribirse las cosas completamente distintas". Citó a Ghandi y sus pecados capitales, pero no aquellos tradicionales, de la vieja filosofía tomista, sino tres de diferentes orígenes: "Hacer política sin principios, hacer comercio sin moral, hacer oración sin sacrificio".

Del discurso de Felipe Calderón a los 300 líderes más influyentes del país, octubre de 2007.

8 may 2009

Nada te turbe...

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa,
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta.

Sta.Teresa de Ávila

6 may 2009

4 may 2009

No me mueve, mi Dios, para quererte

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido,
muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Anónimo